OpenAI asegura haber logrado un importante avance en uno de los grandes desafíos de las matemáticas modernas utilizando un sistema formado por unos 10.000 agentes de inteligencia artificial trabajando de manera coordinada.

El objetivo era abordar el histórico problema de las ecuaciones de Navier-Stokes, incluido entre los siete Problemas del Milenio del Clay Mathematics Institute. Estas ecuaciones describen el comportamiento de los fluidos y tienen aplicaciones en campos como la aerodinámica, la meteorología o el estudio del flujo sanguíneo.

La gran incógnita consiste en determinar si un fluido que inicialmente se comporta de forma regular puede llegar a desarrollar una singularidad, un punto en el que determinadas magnitudes matemáticas crezcan sin límite.

10.000 agentes de IA trabajando juntos

Para afrontar el problema, OpenAI utilizó un modelo experimental y desplegó aproximadamente 10.000 agentes capaces de explorar diferentes caminos matemáticos, intercambiar información y revisar el trabajo realizado por otros agentes.

El experimento necesitó unas 88 horas de trabajo y generó alrededor de 2,7 millones de mensajes y 130.000 millones de tokens. Posteriormente se dedicaron otras 17 horas a formalizar y verificar matemáticamente el resultado mediante Lean, un sistema utilizado para comprobar demostraciones con ayuda de ordenadores.

La solución obtenida sostiene que las ecuaciones de Navier-Stokes pueden desarrollar una singularidad en un tiempo finito bajo determinadas condiciones inicialmente regulares. El resultado deberá ser ahora analizado y validado por la comunidad matemática antes de poder considerarse una resolución definitiva del Problema del Milenio. OpenAI, además, asegura que no pretende reclamar el premio de un millón de dólares asociado al desafío.

Un avance que también abre polémica

El anuncio no ha estado exento de controversia. Los matemáticos Tristan Buckmaster y Levent Alpöge habían realizado importantes avances en cuestiones relacionadas, lo que ha generado debate sobre la influencia que investigaciones anteriores pudieron tener en el trabajo desarrollado por la IA. OpenAI niega haber utilizado directamente trabajos privados, aunque la publicación recibió críticas por no incluir inicialmente algunas referencias relevantes. Posteriormente, la compañía añadió nuevas citas a investigaciones previas.

Más allá de la polémica y de la futura validación del resultado, el experimento muestra una nueva dirección para la inteligencia artificial: pasar de modelos que responden individualmente a preguntas a miles de agentes especializados capaces de colaborar, contrastar hipótesis y revisar su propio trabajo.

Un enfoque que podría transformar en los próximos años la investigación en matemáticas, física, medicina o ingeniería, convirtiendo a la IA no solo en una herramienta para consultar conocimiento, sino también para ayudar a crearlo.